¿Prefieres tener un negocio o seguir como empleado? Sin pensarlo mucho, escogería el negocio. Ganaría mucho más dinero, más libertad y más control de mi parte. Y creo que cualquier persona pensaría lo mismo que yo.
Cuando le pregunto a alguien por qué tiene un empleo, la respuesta casi siempre es la misma: porque necesito el dinero. Esta respuesta me dice que tener un empleo es más una obligación que una elección. Pero cuando le pregunto a las personas que deciden emprender un negocio, las respuestas cambian por completo: porque es lo que me gusta hacer, porque vi una oportunidad o porque quería algo propio. Se nota que hay una diferencia entre elegir emprender un negocio o elegir quedarse como empleado.
Entonces, parece ser muy obvio cuál es la mejor respuesta: si es mejor tener un negocio propio o seguir como empleado. Pero, a pesar de ello, me di cuenta de que estaba equivocado. Llegué a esa conclusión hablando con personas que no piensan igual que yo, que eligen tener un empleo antes que montar un negocio, y aunque no lo entendía al principio, luego vi que sus razones tenían mucho sentido.
El mito del negocio sin jefe, sin horario y sin despido
Yo era de los que pensaba que en un negocio propio no tienes jefe, no tienes horario fijo, no corres el riesgo de un despido. Suena perfecto. Hasta que lo vives.
Porque en un negocio tienes clientes, y un cliente puede ser tan exigente como cualquier jefe que hayas tenido. No tienes un horario establecido, pero tienes fechas de entrega y horas de atención, y muchas veces esas horas superan las horas que tendrías en un empleo. Cuando tienes un negocio, especialmente si estás empezando, también cumples múltiples roles a la vez: eres el que vende, el que entrega, el que resuelve y el que administra. Cuando hay crisis (y ningún negocio escapa de ellas) no las absorbe nadie más que tú. Y el riesgo de "despido" en un negocio propio tiene otros nombres: clientes que se van, números negativos o negocios que cierran.
Mi intención no es desanimarte a tener tu propio negocio. Lo digo porque es la realidad que muchos dueños de negocios enfrentan, y que pocas veces imaginamos cuando lo vemos nacer como una gran idea o una gran oportunidad.
Lo que el empleo ofrece y pocas veces valoramos
En un empleo tienes algo que al principio parece que no tiene mucha importancia pero que en la práctica vale mucho: una guía. Alguien que te dice qué hacer, en muchas ocasiones cómo hacerlo, y te da retroalimentación. Comienzas a recibir ingresos desde el primer día, a cambio de tu tiempo o conocimiento, sin tener que construir nada desde cero. En un empleo casi nunca estás solo cuando estás empezando.
Es una gran ventaja, sobre todo cuando se compara con lo que implica crear un negocio desde cero, donde todo depende de ti, donde los errores los pagas tú, y donde los ingresos pueden tardar meses o a veces hasta años.
El éxito no está garantizado en ninguna de las dos opciones. A algunas personas les va muy bien en un empleo, a otras les va muy bien emprendiendo un negocio, y otras batallan años con un negocio sin lograr esas múltiples ventajas que las convencieron desde el principio, así como aquellas que se sienten estancadas en un empleo año tras año.
Vivir las dos al mismo tiempo
Actualmente estoy viviendo ambas situaciones: tengo un empleo y tengo un negocio. Y esa experiencia me ha enseñado más que cualquier argumento que haya escuchado a favor de uno u otro.
En ambos tengo días buenos y días malos. En ambos aprendo algo nuevo. En ambos trabajo en roles distintos, enfrento cosas fáciles y cosas complejas, y me exijo dar lo mejor que puedo.
Sigo prefiriendo la idea de tener un negocio propio. Pero ya no denigro ni descarto el empleo. Y sobre todo, ya no asumo que todo el mundo elegiría tener un negocio propio a tener un empleo. Porque hay personas que están bien donde están, que han encontrado su lugar en un empleo, y eso merece el mismo respeto que cualquier decisión de emprender.
La película The Intern representa muy bien esta idea. El personaje Jules Ostin construyó una empresa exitosa. Tiene libertad para tomar decisiones, hace lo que le apasiona y creó algo propio, pero también vive bajo una presión constante, con jornadas interminables, la responsabilidad de cientos de empleados, además del desafío de mantener el equilibrio entre su empresa y su familia. Ben Whittaker, en cambio, ya está jubilado y no necesita volver a trabajar para vivir. Sin embargo, decide hacerlo porque disfruta sentirse útil, aprender y aportar desde su experiencia. Lo interesante es que la película nunca presenta a uno como el ganador y al otro como el que tomó el camino equivocado. Al contrario, muestra que ambos encuentran propósito en decisiones distintas y que terminan necesitándose mutuamente.
Al final, creo que lo importante es dar lo mejor de ti en cualquiera de las dos situaciones en las que te encuentres, o incluso si estás en ambas. No esperes tener un negocio para hacerlo bien. Si tienes un empleo, aprovéchalo para aprender, para demostrar de lo que eres capaz y para prepararte. Y si tienes un negocio, no renuncies a él pensando que la solución está en ser empleado, a menos que realmente creas que ese es el camino para ti. La decisión entre empleo y negocio no es universal. Si puedes vivir ambas situaciones, hazlo, porque no hay mejor argumento que la experiencia propia. Y si ya las has vivido, aunque no haya sido al mismo tiempo, ya sabes que ninguna es perfecta. La decisión está en cada uno de nosotros.
