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Un empleo disfrazado de negocio

Existe una confusión muy común cuando estamos emprendiendo, y es no saber si lo que estamos creando es realmente un negocio o un empleo. La mayoría, y me incluyo en ella, relacionamos tener un negocio con ganar dinero por nuestra cuenta, pero eso es solo parte del proceso.

Podrías tener una estructura legal, como una LLC si vives en Estados Unidos, un nombre empresarial, personas que trabajan para ti, incluso una oficina o una tienda física, y aun así estar en un empleo. Aunque seas tu propio jefe.

¿Cuál es la diferencia entonces?

El negocio y el empleo disfrazado de negocio

La diferencia está en la presencia del dueño. Un negocio es un sistema que crea valor para los clientes y genera ingresos aunque el dueño no esté presente. Un empleo disfrazado de negocio es cuando tú eres el negocio. Si dejas de trabajar, dejan de entrar ingresos.

Lo podemos ver así:

Un empleado intercambia tiempo por dinero para otra empresa. En un empleo disfrazado de negocio, intercambias tiempo por dinero, pero para tu propia empresa. En un negocio, construyes un sistema que genera dinero más allá de tus horas de trabajo.

Yo actualmente estoy en la segunda fase. Trabajo en marketing para clientes, principalmente en la industria de bienes raíces, todo bajo el nombre de Squire Pro. En algunas ocasiones he contratado personas que me ayudan en diferentes áreas. Y aunque yo lo identifico como un negocio, en realidad es un empleo disfrazado de negocio.

Esto no es una desventaja

Muchos negocios donde el dueño debe estar presente funcionan muy bien y generan muy buenas ganancias. Y no solo que no es una desventaja, creo que es un paso necesario para cualquier negocio que está empezando.

Porque eres tú, el dueño, quien tiene la visión de lo que estás construyendo. Eres tú quien define la cultura, quien sabe qué funciona y qué no, qué tipo de clientes quieres atraer, cómo quieres que te perciban, etc… y eso no se delega desde el primer día.

Lo vemos en empresas como Amazon, Apple o Hilton. Aunque hoy funcionen sin que sus fundadores estén presentes en el día a día, tienen una visión y una misión que viene de ellos, que se mantiene con el tiempo, y que en muchos casos es una de las razones principales de su éxito.

¿Y por qué pensaría en cambiar si me va bien así?

Es una pregunta válida. Y la respuesta depende de tus objetivos, tanto profesionales como personales.

Antes de responder a esta pregunta, vale la pena mencionar algo: un sistema no es solo necesario para negocios donde el dueño no está presente. Todo negocio, sin importar su etapa, necesita un sistema. Es lo que permite monitorear lo que está pasando, tener una guía clara de cómo se hacen las cosas, y tomar decisiones basadas en algo concreto, y no al azar. Pero ese es un tema que merece un artículo por sí solo.

Volviendo a la pregunta: si quieres escalar a muchos más clientes, abrir nuevas áreas, o crecer de una forma que tus horas de trabajo no puedan sostener, en algún momento vas a necesitar que el negocio funcione sin depender completamente de ti. Si quieres tomarte unas vacaciones sin que todo se detenga, necesitas una estructura que siga operando mientras no estás.

Y hay dos razones más que creo que son muy importantes: si algún día quieres dejarles a tus hijos lo que has construido, ellos heredarán mucho más que un negocio, heredarán una estructura capaz de seguir funcionando sin que tu presencia sea indispensable. Y si en algún momento decides vender, algo muy común especialmente en Estados Unidos, el valor de lo que has construido depende precisamente de eso: de que funcione sin ti. Un negocio que solo funciona cuando el dueño está presente es difícil de vender.

Respetar los tiempos

Lo más recomendable es empezar con un negocio donde debas estar presente, porque tú tienes la visión de lo que estás construyendo. Comenzar sin esa presencia es arriesgado, porque aunque tengas buenos colaboradores, sin alguien que haya vivido el negocio desde adentro, que conozca lo que funciona, lo que no y hacia dónde va, no hay una dirección clara.

Luego, cuando hayas pasado el tiempo suficiente viviendo esa experiencia y hayas convertido ese conocimiento en un sistema bien estructurado, dependiendo de tus objetivos, puedes plantearte el siguiente paso: construir un negocio que funcione incluso cuando tú no estás.

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